Vía Crucis Miércoles de Ceniza

 A continuación transcribo la noticia publicada en el blog Cofrades sobre el Vía del Miércoles de Ceniza:

 

El pasado 9 de marzo, tras la Eucaristía propia del Miércoles de Ceniza, en la Parroquia de San Juan Bosco de Triana, tuvo lugar sobre las 21:00 h. el rezo público del Vía Crucis de la Juventud.


          El acto, encuadrado dentro de la conmemoración de los 75 años de la presencia salesiana en el barrio, fue organizado por la Asociación de fieles de Madre de Dios de la Misericordia y San Juan Bosco junto con la Pastoral Juvenil del Colegio, como grupos activos de la Casa Salesiana que son. La idea surgió con la intención de ensalzar la visita de la Cruz de la Juventud y el Icono de la Virgen que Juan Pablo II regalara a los jóvenes, que en estos días está en Sevilla con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid en el próximo mes de agosto.

 

         

          Presidió este ejercicio de piedad una cruz de madera maciza de grandes dimensiones, habitualmente ubicada en el coro de la Parroquia y que, casualidades de la vida, o no, tiene gran parecido con la Cruz de la Juventud citada anteriormente. Ésta fue portada principalmente por jóvenes, cuyo considerable esfuerzo y formalidad quisiera recalcar especialmente.


           Aunque en un principio estaba previsto que se realizara por las calles que rodean el centro educativo, debido a la persistente lluvia, finalmente el Vía Crucis se rezó en el “patio redondo”, como lo llamamos coloquialmente los miembros de la Casa, si bien su nombre es realmente “Patio de María Auxiliadora”.

 

         

          Pese a este contratiempo, asistieron y participaron un nutrido grupo de fieles de todas las edades, cuyo denominador común en todo momento fue su espíritu joven y salesiano. Asimismo, creo justo señalar el notable ejemplo de seriedad y saber estar que, junto a los adultos, supieron dar los más jóvenes.


           La Asociación de fieles facilitó a todos los presentes un tríptico con las citas bíblicas y las correspondientes reflexiones y oraciones de las catorce Estaciones de este “Camino de la Cruz”. La lectura de las mismas estuvo a cargo de los distintos Grupos de la Casa Salesiana de Triana, con la inestimable colaboración de las Juventudes Marianas Vicencianas.

 

 

          Tras la Oración inicial por parte del párroco de San Juan Bosco, D. Enrique Vargas Márquez, se rezó la I Estación en el altar de la iglesia, continuándose el recorrido hacia el patio que, acostumbrado a la algarabía, risas y carreras de los jóvenes, fue testigo en esta ocasión de un impresionante y respetuoso silencio que durante todo el Vía Crucis, tan sólo fue roto por la voz de quienes hicieron las lecturas de las diferentes Estaciones, los pertinentes acordes de guitarra y cantos en algunas de éstas y el excelente sonido barroco del fagot y los oboes de la Capilla musical Nuestra Señora del Rosario.

 

         

          Este magnífico ambiente de recogimiento que, unido a la única iluminación que ofrecían los cirios del cortejo, invitaban a la reflexión y a la meditación de todos los presentes, se tradujo en el entorno perfecto para iniciar la Cuaresma en Sevilla.


          Finalmente, se rezaron en el altar de la iglesia la XIV Estación y la Oración final, tras la cual el párroco agradeció encarecidamente la participación de todos e invitó nuevamente a la reflexión sobre el significado del acto que acabábamos de celebrar.


          Quiero aprovechar la ocasión que me brinda el poder escribir estas líneas, para agradecer en el nombre de nuestra joven Asociación y en el mío propio la ayuda prestada por los Grupos de la Casa Salesiana y las Juventudes Marianas Vicencianas, así como la generosa colaboración de la Capilla musical Nuestra Señora del Rosario, que con su cuidada interpretación y repertorio contribuyeron notablemente a la solemnidad de este Vía Crucis.

 


          También quiero hacer mención destacada de la disponibilidad y ayuda desinteresada ofrecida en todo momento por parte de las Hermandades de San Bernardo y San Esteban cuya cooperación agradecemos, especialmente a sus equipos de priostía, con el deseo de que este sea el comienzo de una estrecha relación.


          En conclusión, como se nos dice en la imposición de las cenizas: "Convertíos y creed en el Evangelio", debemos ser conscientes de que la Cuaresma es un tiempo de conversión. Y conversión significa cambiar, corregir, renovarse, transformarse.

 


           Por esto, estoy convencido de que este “Camino de la Cruz” fue, para la inmensa mayoría de los presentes tras la Eucaristía, un magnífico comienzo de la Cuaresma en nuestros corazones pues, en todo momento, el ambiente fue el más propicio para el efecto que ésta debe causar en nosotros, consistente en el arrepentimiento por nuestras faltas y nuestro firme propósito de ser mejores cada día, acercándonos cada día más a Cristo. Para profundizar en la reflexión y parecernos cada vez más a Él, comprendiendo mejor que es el tiempo del perdón y la reconciliación. Para reconocer que conociendo la Cruz de Jesús, sabremos llevar mejor la nuestra con el ánimo y la alegría necesarios para alcanzar la gloria de la Resurrección.

 

 Texto: Francisco Rosado Guerrero

 Fotografías: José Miguel Romero García

 

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